¿Por qué sigo sintiendo miedo si sé que estoy a salvo?

Cuando el cuerpo permanece en alerta después de una experiencia traumática

Hay personas que saben perfectamente que aquello que temen ya no está ocurriendo.

Saben que aquella relación terminó.
Saben que esa situación pertenece al pasado.
Saben que en este momento no existe una amenaza real.

Y, sin embargo, cuando algo les recuerda a aquella experiencia, su cuerpo reacciona.

El corazón se acelera. Aparece tensión muscular. Les cuesta respirar con normalidad. Se sienten en alerta, necesitan escapar o, por el contrario, se quedan bloqueadas.

Entonces aparece una segunda pregunta:

«Si sé que no estoy en peligro, ¿por qué mi cuerpo reacciona como si lo estuviera?»

La respuesta puede encontrarse en la manera en que nuestro organismo aprende a responder ante las experiencias que nos desbordan.

Cuando hemos vivido una situación traumática, la respuesta de alarma puede mantenerse incluso después de que el peligro haya desaparecido. Esto puede manifestarse a través de hipervigilancia, sobresaltos, dificultades para dormir, irritabilidad, problemas de atención o una sensación persistente de estar en alerta.

El cuerpo aprendre a protegernos

Una de las características de las experiencias traumáticas es que algunos estímulos actuales pueden activar respuestas relacionadas con acontecimientos anteriores.

Puede ser una situación, una conversación, un tono de voz, una imagen, un olor o cualquier otro estímulo asociado a aquella experiencia.

En ocasiones la persona puede identificar qué le ha ocurrido:

«Esto me recuerda a lo que viví.»

Pero otras veces solamente nota que algo cambia en su interior:

«De repente me asaltan los nervios y no sé por qué.»

«Me bloqueo.»

«Necesito salir de allí.»

«Siento que algo malo va a pasar.»

La reacción puede aparecer antes de que la persona sea capaz de comprender conscientemente qué la ha desencadenado. Y, en ocasiones, incluso cuando consigue identificar el origen y comprenderlo racionalmente, la reacción permanece. Saber qué ocurrió no siempre significa que aquello haya quedado emocionalmente procesado e integrado.

Pasa, precisamente, que durante determinadas respuestas traumáticas, la experiencia puede presentarse de una manera predominantemente emocional y sensorial, dificultando incluso ponerla en palabras.

 

No todo lo que nos afecta está disponible como un recuerdo consciente

Cuando pensamos en la memoria, solemos imaginar algo parecido a una película: «Recuerdo lo que ocurrió, cuándo ocurrió y puedo explicarlo».

Pero las experiencias traumáticas no siempre aparecen de esta manera.

En ocasiones pueden reaparecer como:

  • una sensación corporal;
  • miedo intenso;
  • tensión;
  • imágenes;
  • sensaciones relacionadas con determinados estímulos;
  • bloqueo;
  • necesidad de escapar;
  • una sensación repentina de peligro.

Esto ayuda a entender por qué una persona puede saber perfectamente qué le ocurrió y, sin embargo, no comprender por qué determinadas situaciones siguen provocando una reacción tan intensa.

Algunas huellas de las experiencias permanecen en formas de memoria emocional, corporal o implícita, que no siempre pueden recuperarse como un relato consciente y ordenado. Pueden expresarse a través de sensaciones, emociones, impulsos, bloqueos o formas de relacionarnos que se activan automáticamente ante determinadas circunstancias.

Por eso, en psicoterapia no siempre es suficiente con comprender intelectualmente el origen de una reacción. A veces es necesario trabajar con aquello que permanece activo en un nivel menos consciente de la experiencia.

Por eso algunas personas pueden decir:

«No estoy pensando en nada y, sin embargo, mi cuerpo está reaccionando.»

Comprender esta diferencia puede ser importante para dejar de interpretar estas reacciones como una falta de control o como una debilidad personal.

 

¿Por qué el cuerpo permanece en alerta?

Nuestro organismo está diseñado para detectar amenazas y prepararnos para responder ante ellas.

Cuando existe un peligro, esta activación tiene una función adaptativa. Nos permite reaccionar con rapidez.

Sin embargo, después de determinadas experiencias traumáticas, esta respuesta puede mantenerse incluso cuando la situación ya ha terminado.

La persona puede permanecer más pendiente de lo que ocurre a su alrededor, interpretar determinadas señales como potencialmente amenazantes o reaccionar con intensidad ante estímulos que para otras personas pasan desapercibidos.

Esta situación de alerta puede acabar siendo agotadora.

Dormir puede resultar más difícil. La concentración puede disminuir. Puede aparecer irritabilidad o una sensación de no poder relajarse completamente.

 

"Sé que estoy a salvo, pero no consigo sentirme a salvo"

Esta diferencia entre saber y sentir es especialmente importante.

Podemos comprender racionalmente que una situación ha terminado y, al mismo tiempo, experimentar miedo, tensión o inseguridad.

Por eso decirle a alguien:

«Pero ya pasó.»

«No tienes motivos para preocuparte.»

«Tienes que dejarlo atrás.»

no siempre ayuda.

La persona probablemente ya sabe que el peligro ha pasado.

Lo que necesita aprender es que ahora está en un contexto diferente y puede volver a sentirse segura.

 

El organismo puede aprender de nuevo

Que una persona continúe experimentando respuestas de alarma no significa que vaya a permanecer así para siempre.

El organismo tiene capacidad de adaptación y puede incorporar nuevas experiencias.

El proceso terapéutico puede ayudar a comprender qué activa estas respuestas, pero no se limita a reconocer las señales de alarma o a desarrollar recursos para afrontarlas. En ocasiones, aunque la persona pueda identificar qué ocurrió y comprender racionalmente por qué determinadas situaciones actuales despiertan miedo, bloqueo o alerta, esto no es suficiente para que el organismo deje de reaccionar.

Algunas experiencias no han podido ser procesadas e integradas de una manera que permita que queden plenamente situadas en el pasado. Por eso, el trabajo terapéutico también puede dirigirse a procesos que no son plenamente conscientes ni accesibles a través del pensamiento o del recuerdo declarativo. Se trata de explorar aquello que permanece activo en la experiencia de la persona y que puede expresarse a través del cuerpo, de las emociones, de las sensaciones o de determinadas formas de relacionarse.

Por eso el trabajo terapéutico no se limita a hablar sobre lo ocurrido. También puede dirigirse a aquello que permanece activo emocional, corporal e implícitamente.

Desde un enfoque integrativo, el objetivo es favorecer que esas experiencias puedan ser procesadas de una manera diferente, de modo que dejen progresivamente de sentirse como una amenaza presente y puedan quedar integradas como acontecimientos pertenecientes al pasado.

En este proceso, terapias como EMDR pueden facilitar el procesamiento de experiencias que continúan provocando malestar, mientras que el trabajo psicodinámico permite explorar el significado que esas experiencias han adquirido, cómo siguen influyendo en la vida actual y en las relaciones, y qué aspectos pueden permanecer fuera de la conciencia.

No se trata de olvidar lo ocurrido. Se trata de que el pasado deje de tener que protegernos continuamente de un peligro que ya no está presente.

 

¿Cuándo puede ser recomendable pedir ayuda?

Puede ser conveniente consultar con un profesional cuando estas reacciones son frecuentes, intensas o interfieren en la vida cotidiana.

Por ejemplo, si:

  • estás constantemente en alerta;
  • tienes dificultades para dormir;
  • determinados estímulos desencadenan respuestas de miedo muy intensas;
  • evitas situaciones que te recuerdan a lo ocurrido;
  • tienes reacciones que no comprendes;
  • te sientes bloqueado ante determinadas situaciones;
  • la ansiedad interfiere en tus relaciones o en tu vida diaria.

No es necesario esperar a que el malestar sea insoportable para pedir ayuda.

Hay ocasiones en las que necesitamos algo más que comprender. Necesitamos que una experiencia pueda ser procesada de una manera diferente.

En mi trabajo terapéutico, el EMDR puede ser una herramienta para facilitar este procesamiento, dentro de un enfoque integrativo que también tiene en cuenta la historia personal, los vínculos y los procesos emocionales que pueden permanecer fuera de la conciencia.

 

Para profundizar

Una de las obras que ha contribuido a divulgar esta perspectiva es El cuerpo lleva la cuenta, de Bessel van der Kolk, donde se explora cómo las experiencias traumáticas pueden afectar al cerebro, al cuerpo, la memoria y la capacidad de sentirse seguro en el presente. Es una lectura interesante para quienes quieran profundizar en la relación entre trauma, cuerpo y psicoterapia.

The Body Keeps the Score — Bessel van der Kolk

 

Psicoterapia para el trauma en Mataró

Si sientes que determinadas experiencias del pasado siguen influyendo en cómo te sientes en el presente, en terapia podemos explorar qué está ocurriendo y trabajar para que esas experiencias puedan ser procesadas e integradas.

Trabajo desde un enfoque integrativo, combinando la perspectiva psicodinámica con herramientas como EMDR, adaptando el proceso a las necesidades de cada persona.

[Conoce mi enfoque de terapia EMDR en Mataró →]

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