La crianza con apego constituye un enfoque pedagógico sustentado en la neurociencia afectiva, disciplina que estudia cómo las experiencias emocionales moldean el desarrollo cerebral. Investigaciones en psicología del desarrollo (como los trabajos de Siegel o Schore) confirman que las interacciones tempranas no solo construyen relaciones seguras, sino que modifican físicamente la arquitectura neuronal del bebé, influyendo en áreas como la amígdala (regulación emocional) y el hipocampo (memoria afectiva).
La crianza con apego es un modelo de crianza que se enmarca en la teoría del apego, desarrollada por John Bowlby —psiquiatra y psicoanalista británico—, quien postuló que el vínculo emocional entre el bebé y su cuidador es fundamental para el desarrollo de este.
Este enfoque, desarrollado por organizaciones como Attachment Parenting International (API) o el Laboratori del Vincle Aafectiu i Desenvolupament Humà de la UdG, no solo moldea el desarrollo infantil, sino que sienta las bases para una salud mental sólida en la edad adulta. A continuación, exploramos las claves de esta filosofía basada en la ciencia del apego.

¿Cuáles son los beneficios de la crianza con apego?
Los estudios vinculan este enfoque con resultados positivos en el desarrollo emocional y la salud mental a largo plazo, incidiendo en:
Autoestima:
Los niños criados con sensibilidad parental asertiva, internalizan que sus necesidades son válidas, lo que fortalece su autoconcepto y pueden establecer relaciones asertivas con las personas que lo rodean.
Seguridad:
El contacto físico y la disponibilidad ayudan a generar un apego seguro en el bebé, esencial para que exploren el mundo sin miedo. Esto se refleja en una mayor resiliencia ante el estrés y mayor seguridad en sí mismos.
Felicidad y calma:
Al sentirse atendidos, desarrollan una mejor regulación emocional, asociada a menor ansiedad y mayor equilibrio en la vida adulta.
Autonomía:
El cuidado y atención en los primeros estadios fomenta la independencia: al sentirse respaldados, toman decisiones con confianza y desarrollan habilidades sociales.
Relaciones personales positivas:
Aprenden a comunicar emociones de forma asertiva, lo que mejora sus interacciones sociales y reduce conflictos en la vida personal y familiar.
Primeros años de vida: primeros pasos
Prioriza el contacto piel con piel y prácticas como la lactancia materna, siempre que sea de tu elección, o el colecho seguro, cuando creas que va con tu estilo parental. Sobre todo, sin forzar aquello que no te resuene.
Durante los primeros meses, en que el estadio preverbal, es el momento de conoceros tú y tu bebé, intenta comprenderlo a cada momento: ¿está irritado?, ¿necesita cambio de pañal?, ¿tiene sueño, hambre o necesita la atención y afecto de sus papás?
En definitiva, intenta responder con sensibilidad al llanto o a la queja y evita ignorar sus señales de incomodidad, ¡haced equipo!
Actúa con sensibilidad
Detecta sus emociones en su rostro, en su cuerpo, en sus inquietudes, cómo se mueve, cómo verbaliza o llora. Fíjate también cómo el bebé te imita, parece increíble, ¿verdad? Si está nervioso, llévalo hacia la calma: cántale esa canción que conoce, cógelo en brazos y acúnalo, dale un objeto conocido que lo tranquilice y recuerda respirar profundamente para gestionar tu propia frustración o enojo. Visita mi blog de autocuidado parental, para más información.
Eres la persona a través de la cual el bebé se entiende a sí mismo, ayúdale a comprenderse y a comprender el mundo que le rodea.
Desarrollo del afecto positivo en la primera infancia
Como ya hemos señalado, durante los primeros años de vida, es fundamental priorizar la empatía como base para el acompañamiento afectivo del bebé. Las figuras de apego actúan como modelos primarios: a través de las interacciones cotidianas, el menor no solo internaliza patrones relacionales, sino que desarrolla habilidades socioemocionales fundamentales. Este aprendizaje se consolida mediante dos vías: la experiencia directa con sus cuidadores (gestos, tono emocional, respuestas a sus necesidades) y la observación del clima familiar en su entorno. Por lo que resulta importante fomentar un entorno tranquilo y afectivo entre todos los convivientes, donde la co-regulación emocional sea una práctica constante.
Pasado el primer año
Cuando el niño o la niña (especialmente entre 1-4 años), manifieste conductas que requieran intervención, evita reacciones punitivas. En su lugar, observa los motivos subyacentes (necesidad de atención, curiosidad experimental, búsqueda de autonomía); implementa herramientas como la escucha activa (dar espacio para expresar emociones sin juicios), el diálogo interrogativo (“¿Qué querías lograr con esto?”, en lugar de “¿Por qué hiciste eso?”) o la validación emocional. Siempre adaptándote a su nivel de comprensión, priorizando el lenguaje corporal, con un tono de voz cálida y acciones sustitutorias para que el niño empiece a entenderse a sí mismo y pueda tener una alternativa para expresar emociones.
Este enfoque promueve la autoconciencia emocional mientras establece límites desde el respeto mutuo, fortaleciendo tanto el vínculo afectivo como el desarrollo emocional asertivo desde sus inicios.
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No olvides cuidar de tu salud para poder criar fomentando el apego seguro en tu bebé
La crianza para fomentar un apego seguro no exige perfección, sino presencia. Cuida tu salud física y emocional para evitar el agotamiento, también tu autocuidado es un ejemplo para tu hijo/a, ya que aprenderá a cuidarse también por modelaje.
Consulta los cuatro tipos de apego infantil en mi blog.
Si surgen dudas, te recomiendo que agendes una cita en mi centro de psicoterapia Mataró para acompañarte en este momento tan exigente o para abordar patrones que han conformado tu propia crianza y que ahora te confrontan.
